El cierre de la crisis en UGT-Andalucía, con la elección de Carmen Castilla como nueva secretaria general, ¿es una ruptura con el pasado oscuro y prolongado de Manuel Pastrana o una reforma suave (operación cosmética) que manteniendo intactas las estructuras y los dirigentes anteriores propicia una nueva imagen del sindicato?. Esta es la cuestión a dilucidar en el futuro inmediato de una organización presa del descredito y la desconfianza de los trabajadores y las trabajadoras en Andalucía, y de la indignación de los afiliados, fruto de las evidentes irregularidades cometidas.
La controversia sobre la conveniencia de zanjar la crisis en un Comité (como ha ocurrido) o en un Congreso (como se ha descartado) sigue instalada en el pensamiento colectivo de la mayoría de los 200.000 afiliados andaluces a la UGT, ¿cual es la diferencia fundamental entre una opción y otra?
En mi opinión, diatribas estatutarias al margen, la opción elegida ha hurtado el debate interno en el seno de la organización. Los miembros (que no delegados) del Comité han llegado a un acuerdo “entre dirigentes” a espaldas de los afiliados y en contra del parecer de la Comisión Ejecutiva Confederal que apostaba por la opción del Congreso, lo que indudablemente habría permitido una participación de las bases en la resolución de una crisis de credibilidad de enormes proporciones como la que sufrimos en estos momentos.
Ciertamente las primeras declaraciones de intenciones de Carmen Castilla mueven al optimismo y a la confianza, es más, su propio perfil profesional basado en la cualificación y la experiencia de gestión aparecen como una garantía de cambio. Pero ¿en que consiste el necesario cambio?
A mi juicio, son dos las líneas que deberá afrontar para devolver la credibilidad y confianza a los trabajadores en la UGT: La sustitución progresiva de dirigentes anquilosados y acomodados durante décadas sin pisar un centro de trabajo por savia nueva procedente de nuestro importante potencial que reside en militantes honestos, comprometidos y capacitados que nada tengan que ver con la etapa anterior y de otra impulsar el cambio estructural en la organización para hacer mas cercana la misma a los trabajadores impulsando la participación y la democracia interna.
En cuanto a la primera cuestión, tengo que rebatir la tesis de que se ha acabado con la etapa anterior por el simple hecho de haber eliminado de la Comisión Ejecutiva de UGT-Andalucía a dos personas que fueron miembros de la misma bajo los mandatos de Pastrana. Permanecen en la actual Ejecutiva y en las direcciones provinciales y comarcales de las Uniones territoriales personas claramente identificadas durante muchos años con el sistema que nos ha conducido a esta lamentable situación.
Por ello, es imprescindible una remoción de estos dirigentes y su sustitución progresiva por militantes “no contaminados”. Este proceso ha de emprenderlo la nueva secretaria general sin prisas pero sin pausa, con participación democrática del conjunto de los afiliados al sindicato en Andalucía evitando el control de los diferentes aparatos territoriales para que el resultado sea una renovación que abra perspectivas ilusionantes para los propios afiliados y la UGT vuelva a ser el referente a la vanguardia de las reivindicaciones de los trabajadores andaluces.
En cuanto a la segunda cuestión, más compleja, se hace igualmente necesario un cambio en las estructuras, consistente en devolver el protagonismo y la autonomía a las secciones sindicales encuadradas en sus respectivas Federaciones. Efectivamente son éstas las que están en contacto diario con los trabajadores, su problemática, su angustia por la conservación de sus puestos de trabajo, su pérdida de derechos laborales, etc.
Y este cambio debe afrontarse con valentía, con disposición a vencer las indudables resistencias que opondrán algunos dirigentes, simplificando la superestructura territorial y potenciando las estructuras básicas de las Federaciones.
En definitiva, se trata de invertir la pirámide actual, colocando a las secciones sindicales y sus Federaciones en la cúspide de las decisiones y restando todo el poder a las estructuras territoriales de las Uniones para convertirlas en organismos ágiles, flexibles, dependientes de las Federaciones y no al revés, en instrumentos útiles y representativos, evitando una intolerable intromisión en la acción diaria de los organismos federativos de su ámbito y por lo tanto en coordinadores del esfuerzo y la acción sindical de las bases.
No cabe la menor duda de que los problemas actuales se han de sustanciar en los juzgados, aquellos que tengan repercusión penal y ante la Administración andaluza los que tengan repercusión económica administrativa y esto ha de hacerse con absoluta claridad cooperando al esclarecimiento de las irregularidades, pero el trabajo prioritario, insisto, el que como afiliados a la UGT nos corresponde hacer lo antes posible, debe centrarse en el cambio de dirigentes y de estructuras.
Soy optimista y creo que más pronto que tarde estos objetivos serán una realidad en nuestro sindicato más que centenario y que ha tenido que hacer frente a situaciones incluso más complicadas que la actual.
Salvador Aguilar Díaz
Ex-secretario Federal de Acción Sindical de FSP-UGT Estatal